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El éxito mundial de Aboudia, el pintor marfileño de los "niños de la calle"
Cuando el marfileño Aboudia se convirtió en uno de los pintores más vendidos del mundo, comenzaron las comparaciones con Jean-Michel Basquiat y no sólo por sus lienzos. "Se encontraron solos en la calle, pero supieron sacarle provecho", explica el crítico de arte Mimi Errol.
"Cuando era adolescente quería pintar y mi padre no quería", relata Aboudia a AFP.
Antes de convertirse en referencia, Abdoulaye Diarrassouba empezó por su cuenta, decidido a ser pintor en una sociedad que tenía poco en cuenta a los artistas.
En esa época ser pintor era sinónimo de ser "un fracasado", recuerda el artista nacido en 1983.
La crisis poselectoral en Costa de Marfil, entre 2010-2011, y sus 3.000 muertos, lo dan a conocer al mundo, con los lienzos que retratan el caos de la "Batalla de Abiyán".
Pinta a jóvenes abandonados a su suerte en la guerra, en consonancia con su propia historia: "los niños de la calle".
"No es su lugar", afirma. Debemos "hacer un llamamiento a sus padres, a las autoridades, a cualquiera que se preocupe por los niños para que los saquen a la calle".
Aboudia, que vive la mayor parte del tiempo en Abiyán, ocupa actualmente el puesto 1.311 entre los 5.000 artistas más vendidos en subastas del mundo, según la empresa de análisis del mercado del arte Artprice.
En 2022 era incluso el artista contemporáneo que más cuadros había venido, con 75, según la clasificación de Hiscox Top 100.
Sus obras llegan a ciudades como París, Londres, Nueva York o Lagos.
Estudió en el Conservatorio de Artes y Oficios de Abengourou, en el este marfileño, y luego en el Centro Técnico de Artes de Bingerville, en las afueras de Abiyán.
"Aboudia ya estaba muy ligado al universo de los niños", recuerdo su exprofesor Jacobleu, otro pintor renombrado.
En los años 2000 llevó sus primeras obras a la galería Houkami Guyzagn, de Abiyán.
"No sé cuántos veces llegó con sus trabajos, que nos parecían inmaduros", recuerda el crítico Mimi Errol, que trabajaba allí.
"Se iba sin decir una palabra y volvía al día siguiente", comenta, hasta que encontró su identidad y afirmó sus convicciones.
- "Trabajar como un niño" -
De cuadro en cuadro, se confirma una manera de pintar personajes, con líneas muy oscuras o muy coloridas, que siempre parecen abandonados. Desconciertan y desafían.
El artista retrata "el mundo de los que no vemos (...) una vida de jóvenes que tienen que luchar para integrarse a la sociedad", comenta Errol.
"Piensas que es algo muy básico, sencillo", pero "desnuda al hombre para mostrarlo en su expresión más simple", añade.
Aboudia asegura que lo que hace reconocible su estilo "es ese lado ingenuo: ser viejo pero trabajar como un niño".
"Yo nunca quise pintar o trabajar para alguien, hago lo que quiero hacer. Si te gusta, te gusta, si no te gusta, mala suerte", dice sin alzar el tono, con voz suave y actitud reservada, algo que contrasta con la fuerza de sus obras.
"Es cierto que el nivel que ha alcanzado es sorprendente", comenta Jacobleu, porque a su juicio los artistas negros africanos difícilmente alcanzan el éxito internacional.
Sus obras quedan a veces estancadas en exposiciones "de gueto", lamenta.
Ahora, al frente de una fundación que lleva su nombre, Aboudia transmite regularmente su arte, sobre todo a los niños, como algo natural.
P.Queiroz--PC