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Kenianos relatan mentiras, horrores y traumas del reclutamiento forzado ruso
Las cicatrices en el antebrazo le recuerdan a Victor el día en el que fue atacado por un dron ucraniano tras ser reclutado por la fuerza, al igual que cientos de kenianos, en el ejército ruso.
Se siente afortunado: muchos otros compatriotas no sobrevivieron a esa guerra que nada tenía que ver con ellos.
Cuatro kenianos - Victor, Mark, Erik y Moses - relataron a la AFP la red de engaños que los llevó a los campos de batalla en Ucrania. Sus nombres fueron alterados por temor a represalias.
Todo empezó con promesas de empleos bien pagados en Rusia de una agencia de reclutamiento en Nairobi, la capital de Kenia.
Victor, de 28 años, iba a ser vendedor. A Mark, de 32, y Moses, de 27, les dijeron que serían guardas de seguridad. Erik, de 37, pensó que participaría en deportes de alto nivel.
A todos les ofrecieron entre 1.000 y 3.000 dólares mensuales, una fortuna para Kenia, donde los empleos escasean y el gobierno promueve la emigración para impulsar las remesas.
Victor, Mark, Erik y Moses fueron incluidos en grupos de WhatsApp donde otros kenianos les aseguraron en lengua suajili que tendrían buenos salarios y unas vidas nuevas y emocionantes.
El primer día de ese nuevo comienzo en Rusia, Victor lo pasó en una casa abandonada a tres horas de San Petersburgo. Al día siguiente lo llevaron a una base militar, donde unos soldados le presentaron un contrato en ruso, que no podía leer.
"Nos dijeron: si no firmas, mueres", contó el hombre a la AFP al mostrar su registro de servicio militar ruso y medallas de combate.
Posteriormente, conocería algunos kenianos del grupo de WhatsApp en un hospital militar.
"Algunos no tenían piernas, a otros les faltaba un brazo (...). Me dijeron que los amenazaban de muerte si escribían un mensaje negativo en el chat", dijo.
Según Mark, a los nuevos reclutas les ofrecían pagar su regreso a casa por unos 4.000 dólares, una suma imposible.
"No teníamos más opción que firmar el contrato", indicó.
Erik, en su primer día, entrenó con un equipo de baloncesto y firmó un contrato que pensó que lo llevaría a un club profesional.
En realidad, era un contrato militar. Al día siguiente, lo llevaron a un campamento del ejército.
Mark y Moses dijeron haber cobrado muy poco por su año de servicio. Victor y Erik aseguran que no les pagaron nada.
- "Oportunidades excitantes" -
Los cuatro hombres partieron a Rusia con una agencia keniana de reclutamiento, Global Face Human Resources, que en su página web promete "oportunidades excitantes".
La AFP no pudo contactar a la agencia, que en los últimos meses ha cambiado de sede varias veces en Nairobi.
Uno de sus empleados, Edward Gituku, enfrenta cargos por "tráfico humano". La policía allanó en septiembre un apartamento que alquilaba en las afueras de la capital y rescató a 21 jóvenes que estaban a punto de partir a Rusia.
Gituku, liberado bajo fianza, niega los cargos, según su abogado Alex Kubu.
Pero los cuatro reclutas forzados entrevistados por la AFP aseguran haberlo conocido y lo señalan como una pieza clave de la trama. Erik y Moses aseguran que él los condujo al aeropuerto de Nairobi.
Un exabogado de Gituku, Dunston Omari, afirmó en septiembre que había enviado "más de 1.000 personas" a Rusia, pero que todos eran exsoldados kenianos que fueron "voluntariamente".
También está aparentemente implicado un ciudadano ruso, Mijaíl Liapin, que fue expulsado de Kenia "para enfrentar juicio" en su país, aseguró a la AFP el secretario keniano de Relaciones Exteriores, Abraham Korir Sing'Oei.
- Exámenes médicos -
En diciembre, las autoridades de Kenia señalaron que unos 200 ciudadanos fueron enviados a luchar a Ucrania. Solo 23 habían sido repatriados.
Victor, Mark, Erik y Moses creen que la cifra subestima la realidad.
Antes de partir a Rusia, los kenianos tenían que someterse a un examen médico. Solo una de las múltiples clínicas habilitadas en Nairobi atendió a 157 personas en poco más de un mes el año pasado a tal efecto.
"La mayoría eran exsoldados kenianos" que sabían qué les esperaba en Rusia, dijo un trabajador del centro médico.
Pero Mark y Erik, que fueron examinados en ese lugar, aseguran que nunca fueron informados de su futuro servicio militar.
Victor y Moses pasaron por otra clínica de Nairobi, que se negó a decir a la AFP cuántas personas fueron remitidas por Global Face Human Resources.
La AFP pudo identificar otras dos agencias de contratación que envían kenianos a Rusia, pero no logró contactarlas.
- "Carne de cañón" -
Durante los primeros días de su invasión de Ucrania, se acusó a Rusia de utilizar a sus propias minorías étnicas como fuerzas prescindibles.
Su táctica consistía en lanzar grandes cantidades de efectivos contra las defensas ucranianas con el objetivo de abrumarlas.
El costo humano fue enorme: los servicios de inteligencia occidentales afirman que Rusia ha sufrido más de 1,2 millones de bajas, el doble que Ucrania.
Eso llevó a Moscú a buscar reclutas más lejos.
El embajador de Ucrania en Kenia, Yuri Tokar, asegura que, antes de dirigirse a África, Rusia apuntó a las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central, India y Nepal.
Los cuatro repatriados entrevistados por la AFP dijeron que se toparon con decenas de africanos en campos de entrenamiento y en el frente.
Rusia explota la "desesperación económica" de los jóvenes africanos, señaló Tokar. "Están buscando gente como carne de cañón en todo lugar que puedan", dijo.
- Terror en el frente -
Victor relata escenas apocalípticas en el frente cerca de Vovchansk, en el este de Ucrania.
"Tuvimos que cruzar dos ríos, con muchos cadáveres flotando. Luego había un gran campo, que estaba cubierto con cientos de cuerpos. Tuvimos que correr para cruzarlo. Con drones por todas partes", recuerda.
"El comandante te dice: 'No intentes escapar o te disparamos'".
De los 27 de su unidad, dos lograron cruzar el campo. Victor sobrevivió ocultándose bajo un cadáver, pero fue alcanzado en el antebrazo derecho por fuego de dron.
Después de dos semanas más de despliegue, durante las cuales no podía cargar su arma y las larvas le reptaban por la herida, le permitieron recibir tratamiento lejos del frente.
Unas semanas después, el ejército ruso envió a Erik al mismo lugar sin cambiar su estrategia.
De los 24 hombres en su operación, solo tres lograron cruzar el campo: un pakistaní que terminó con "ambas piernas rotas", un ruso con "el estómago abierto" y Erik.
Tras escapar ileso, el hombre de 37 años cuenta que luego fue alcanzado en el brazo y la pierna por drones.
De su parte, Mark tiene el hombro cubierto de cicatrices por una granada lanzada por un dron ucraniano cuando se dirigía al frente en septiembre. No sabe dónde estaba.
Los tres terminaron encontrándose en un hospital de Moscú y escaparon a la embajada de Kenia, que los ayudó a regresar a casa.
Moises logró escapar de su unidad en diciembre y ponerse en contacto con funcionarios kenianos.
Aunque físicamente ileso, está tan traumatizado como los demás. El simple vuelo de un pájaro le desencadena ansiedad, afirma.
- Han "destruido mi vida" -
Pero saben que otras familias kenianas lidian con situaciones peores.
Grace Gathoni conoció en noviembre que su esposo, Martin, murió en combate en Rusia, donde quería convertirse en conductor.
Han "destruido mi vida", dijo a la AFP entre lágrimas la viuda con cuatro hijos.
Charles Ojiambo Mutoka, de 72 años, se enteró en enero de la muerte de su hijo Oscar el pasado agosto. Sus restos reposan en Rostov del Don, una ciudad del sureste de Rusia.
Las autoridades rusas "deberían sentir vergüenza", dijo indignado. "Nosotros solo libramos nuestras propias guerras y nunca traemos rusos a luchar por nosotros... ¿Por qué llevarse a nuestra gente?".
A.S.Diogo--PC