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¿Cuál será el próximo objetivo de Putin? La ciudad estonia de Narva, atrapada entre dos mundos
Las dos fortalezas medievales se miran frente a frente a ambos márgenes del río que separa Estonia de Rusia. En Narva, una ciudad temerosa de su poderoso vecino, el "Puente de la Amistad", antaño símbolo de cooperación, está ahora lleno de alambradas y obstáculos antitanque.
"El nombre es algo irónico", comenta a AFP Eerik Purgel, un funcionario de alto rango de la guardia fronteriza estonia.
Según él, quizá habría que cambiarle el nombre al puente, que hoy aparece como una metáfora de las agudas tensiones geopolíticas entre Rusia y la OTAN en este rincón de Europa oriental. O "quizá no debería haber ningún puente y ya está", apunta.
Donde antes solían formarse largas filas de vehículos para cruzar el río Narva y comprar o visitar a familiares en Rusia, ahora ya no pasa ningún auto. Sólo algunas personas, a pie y arrastrando maletas, cruzan el puente.
A solo unas semanas del cuarto aniversario de la invasión rusa de Ucrania, en Narva se respira un ambiente pesado.
Algunos temen que esta ciudad rusófona de Estonia, de algo más de 50.000 habitantes, se convierta en el próximo objetivo del presidente ruso, Vladimir Putin.
"Aquí, en los confines de Europa, la guerra se siente de forma distinta", destaca la alcaldesa, Katri Raik, en el Ayuntamiento de la ciudad, una joya arquitectónica del siglo XVII que destaca entre los tristes edificios de la era soviética.
"Vemos a Rusia del otro lado de la frontera todos los días" y "todos nos preguntamos qué va a pasar después", dice a la AFP.
- "Periodo más difícil" -
Desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania en 2022, Estonia, miembro de la UE y la OTAN, reforzó sus defensas, como también hicieron las otras naciones bálticas, Lituania y Letonia.
El ejército de Estonia, una ex república soviética de 1,3 millones de habitantes, es muy pequeño.
El ministerio de Defensa señala que en caso de necesidad se puede desplegar una fuerza de algo menos de 44.000 soldados, a los que sumarían otros 2.000 de países aliados de la OTAN, estacionados en el país.
Las autoridades estonias prometieron reforzar la seguridad nacional con una serie de medidas legislativas, incluyendo la de retirarle el derecho a votar en las elecciones locales a los ciudadanos rusos y apátridas que residen en el país.
Además, en 2024, se impuso el estonio como única lengua de enseñanza en las escuelas, una medida que afectó duramente a muchos vecinos de Narva.
Estas reformas, combinadas con la alta tasa de paro, el aumento de las facturas de energía, el colapso de las relaciones con Rusia y el temor a un conflicto, han creado una tormenta perfecta en Narva.
"Este es el periodo más difícil de nuestra historia en cerca de 40 años", sostiene Mihhail Stalnuhhin, presidente del Consejo municipal, criticando duramente las iniciativas dirigidas a personas de habla rusa.
"Vemos cómo nos están tratando", afirma Stalnuhhin, un veterano de la política. "A esto se suma el discurso constante sobre la guerra, la guerra, la guerra. La gente vive una situación moral, económica y social muy difícil", explica.
- Nacionalidad rusa -
A lo largo de su historia, Narva ha estado bajo dominación danesa, alemana, rusa, sueca y estonia.
Sufrió importantes daños durante la Segunda Guerra Mundial, que destruyó la mayor parte de su casco histórico de estilo barroco, y se convirtió en una localidad de habla predominantemente rusa durante la época soviética.
Treinta y cinco años después de que Estonia obtuviera su independencia, Narva continúa luchando por entender su identidad.
Muchos habitantes se sienten atrapados entre dos mundos, dice Vladimir Aret, gerente de un hotel y concejal en el Ayuntamiento.
"Soy europeo pero, a veces, bromeamos diciendo que no sabemos muy bien qué es una madre patria", afirma el hombre, de 32 años.
Y si bien muchos habitantes se declaran como patriotas -incluido Aret -, también los hay que ensalzan a Vladimir Putin. Algunos residentes solo hablan ruso, miran la televisión rusa y recuerdan con nostalgia la Unión Soviética.
Cerca de la mitad de los habitantes de la ciudad son de nacionalidad estonia, un tercio tienen la rusa y alrededor de 7.000 son apátridas desde la caída de la Unión Soviética en 1991.
El 95% de la población de la ciudad tiene el ruso como lengua materna, según el censo de 2021.
- "Locura rusófoba" -
Rusia critica al gobierno estonio con frecuencia. En un informe publicado en diciembre por el Ministerio ruso de Relaciones Exteriores, se critica "la creciente locura rusófoba de Estonia" y las políticas "neonazis" de las autoridades.
El gran número de apátridas en Estonia supone un grave problema, señala el ministerio en ese reporte sobre violaciones de los derechos de los rusos residentes en el extranjero.
Algunos respaldan el punto de vista de Moscú. "A nosotros, los rusohablantes, nos discriminan", suelta una mujer de unos 50 años, que pidió el anonimato por temor a represalias.
Pero una de las apátridas, Olga Kolesnikova, enfundada en un espeso abrigo para afrontar el tenaz invierno, no ve dónde está el problema.
"No me siento desfavorecida", afirma la panadera jubilada, de 64 años y madre de cuatro hijos, tres de los cuales tienen la ciudadanía estonia.
Aleksandr Gruljov, un albañil de 59 años, afirma que se está planteando renunciar a la ciudadanía rusa. "Nadie oprime a nadie aquí", asegura.
No obstante, algunas de las reformas recientes de las autoridades adolecen de una falta de perspectiva, advierten los expertos.
- "Puerta de entrada perfecta" -
Por ejemplo, prohibir que los ciudadanos rusos en Estonia puedan votar en las elecciones locales supone "una puerta de entrada perfecta para la propaganda rusa", sostiene el politólogo alemán y profesor en la Universidad de la Bundeswehr, Carlo Masala.
"Como en el Donbás, Rusia puede alegar que los derechos de sus minorías que viven en el extranjero se están viendo amenazados, lo que les daría una razón para protegerlos, por medios militares de ser necesario", afirma a la AFP.
En su obra "La guerra de después: Rusia frente a Occidente", Carlo Masala imagina un escenario en el que las tropas rusas se apoderan de Narva en 2028 para lanzar un ataque más amplio contra los otros Estados bálticos y provocar una posible caída de la OTAN.
En el libro, las tropas rusas conquistarían Narva en tan solo unas horas, ayudadas por "parte de la población civil local" que habría sido previamente armada.
Según el politólogo, otras ciudades con importantes comunidades rusas, como Kirkenes, en Noruega, o Daugavpils, en Letonia, podrían ser vulnerables a un ataque ruso.
La invasión rusa de Ucrania puso sobre la mesa la cuestión de la simpatía que pueda sentir por Moscú la población estonia de habla rusa.
"Una de las cuestiones fundamentales que los estonios se plantean sobre la minoría rusófona es la del patriotismo y la lealtad. ¿Apoyarán al país en caso de guerra, posiblemente contra Rusia?", señalaba en 2023 un estudio europeo sobre la minoría rusohablante del país.
- "Definitivamente patriotas" -
Según ese estudio, elaborado por la Fundación Friedrich-Ebert, de Alemania, y el centro de investigación estonio Turu-uuringute, el 65% de los rusófonos de Estonia se declaraban "más bien o definitivamente patriotas de Estonia", frente al 28% que contestó justo lo contrario.
Pero Jelissei Soloviev, un chico de 18 años miembro del Kaitseliit, una organización nacional de defensa voluntaria, ni se lo plantea. "Estamos dispuestos a defender nuestro país, no tenemos miedo", asegura el joven, que ya sabe cavar trincheras y disparar.
Masala, el analista, afirma que Narva hoy parece una "fortaleza". "Eso haría que cualquier acción militar fuera mucho más difícil de lo que lo hubiera sido hace unos años", explica.
Con todo, los responsables de la guardia fronteriza descartan que Narva sea especialmente vulnerable a un asalto de Moscú.
Egert Belitsev, jefe del servicio fronterizo del país, destacó que Berlín también cuenta con una amplia población rusófona. "Si tienes un pretexto, también puedes invadir Berlín", comentó.
El funcionario de la guardia fronteriza estonia Eerik Purgel coincide con él. "Con las herramientas adecuadas, puedes explotar cualquier cosa. Y no importa si es Narva, si es Tallin, si es EEUU", afirma.
Pero añade, en tono desafiante: "Es nuestro pueblo, lo protegeremos con nuestras vidas".
V.Fontes--PC